Qué es el SIBO: síntomas, causas y diagnóstico científico

Desde hace unos años, el término SIBO ha empezado a sonar con fuerza entre todos nosotros. Y no es que sea algo que se haya diagnosticado ahora, es algo que lleva pasando mucho tiempo, pero no le habíamos puesto nombre. Y no es para menos, cada vez más personas tienen hinchazón abdominal, gases o molestias en el abdomen sin una causa clara, y descubren que el origen puede estar en un desequilibrio que no se ve dentro del intestino.

Si todavía te estás preguntando qué es el SIBO, en este artículo te contaremos cómo se diagnostica, qué lo provoca y cómo puedes paliar un poco los síntomas.

¿Qué es el SIBO?

El SIBO, siglas en inglés de Small Intestinal Bacterial Overgrowth, significa literalmente sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Por si no lo sabías, las bacterias son esenciales para nuestra salud y su equilibrio depende mucho de dónde se encuentren. El intestino grueso, por ejemplo, es su hábitat natural; en cambio, el intestino delgado debería tener muchas menos.

El problema aparece cuando las bacterias migran o se multiplican en esa zona. Esto daña la digestión, interfiere en la absorción de nutrientes y produce fermentaciones que acaban generando gases y malestar. No es solo algo digestivo, el SIBO también impacta en la energía, la concentración y el bienestar general, por la simple razón de que cuando el intestino no funciona bien, el resto del cuerpo tampoco lo hace.

Síntomas del SIBO

Saber si tienes SIBO no es fácil porque sus síntomas se confunden con otras enfermedades, como el síndrome del intestino irritable. Sin embargo, hay señales que pueden hacer sospechar que lo tienes. El principal síntoma es la hinchazón abdominal, sobre todo después de las comidas. La acumulación de gases, el malestar intestinal y los cambios en el tránsito, que pueden ir desde la diarrea hasta el estreñimiento también son otros de los síntomas más comunes.

También es normal sentir fatiga constante o notar que los alimentos te sientan peor de lo normal. En cualquier caso, el cuerpo empieza a notar falta de vitaminas como la B12 o el hierro, porque el intestino ya no absorbe bien los nutrientes. Con el tiempo, esto puede afectar al estado de ánimo o al rendimiento físico, ya que una microbiota desequilibrada influye en la producción de neurotransmisores y en la inflamación del organismo.

¿Por qué aparece el SIBO?

Cuando decimos que alguien tiene SIBO, no quiere decir que le haya aparecido de un día para otro por arte de magia. Suele desarrollarse por una combinación de factores que alteran la motilidad intestinal, el equilibrio del pH o el control inmunitario del sistema digestivo. Una de las causas más comunes es el uso prolongado de antibióticos o de medicamentos que reducen el ácido gástrico, ya que estos dañan bastante el intestino y hacen que bacterias, que normalmente no sobrevivirían, proliferen en exceso.

Los trastornos metabólicos o autoinmunes, como la diabetes o la celiaquía, también pueden influir ya que alteran el movimiento intestinal. Los cambios en el estilo de vida, tomar muchos azúcares y ultraprocesados o el estrés crónico son otros factores que debilitan al intestino.

Por último, el cambio en la motilidad intestinal, es decir, la forma en la que los alimentos se mueven a través del intestino. Si este proceso es lento o irregular, las bacterias tienen más tiempo para crecer en lugares donde no deberían estar.

Diagnóstico del SIBO

Pero no se puede confirmar como tal un caso de SIBO. Necesitas hacerte unas pruebas específicas. La más común es el test de aliento, una técnica no invasiva que mide los gases producidos por las bacterias del intestino delgado. Durante la prueba, se ingiere una solución con lactulosa o glucosa y, a las horas, se analiza el aire exhalado para detectar concentraciones anómalas de hidrógeno o metano.

Un aumento temprano de estos gases suele indicar la presencia de SIBO. Aun así, también se puede complementar este diagnóstico con análisis de heces o estudios de microbiota, en especial cuando se sospechan desequilibrios más amplios.

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Tratamiento y recuperación

El tratamiento no es eliminar las bacterias y ya está. El objetivo es restaurar la función intestinal y prevenir que te vuelvan a ocurrir estos síntomas. Por eso, la clave está en combinar tres pilares: el tratamiento médico o natural, la alimentación y los hábitos.

El tratamiento médico, que puede incluir antimicrobianos, debe ser siempre pautado por un médico especialista. Desde el punto de vista alimentario, se puede trabajar en reducir la fermentación intestinal con pautas dietéticas adaptadas, siempre como complemento al tratamiento médico.

Una vez está controlado, se puede trabajar en mejorar los hábitos alimentarios y el estilo de vida para favorecer el bienestar digestivo. Aprender a gestionar el estrés y el descanso es esencial, porque como ya hemos dicho, el sistema nervioso y el digestivo están estrechamente conectados, y un exceso de tensión puede hacer que tardes más en recuperarte.

¡Acude a un profesional especializado!

Pues sí, el SIBO es un ejemplo claro de cómo el cuerpo funciona en conjunto. No se trata solo de aliviar síntomas, sino de entender por qué el intestino ha perdido su equilibrio y cómo recuperarlo.

¿Quieres aprender a cuidar tu salud digestiva y mejorar tus hábitos para sentirte mejor cada día?. En Dr Body te acompañamos con un plan de alimentación y ejercicio adaptado a tu estilo de vida y objetivos personales, siempre como complemento al seguimiento médico.

¡Empieza a recuperar tu bienestar desde un enfoque consciente, personalizado y en sintonía con tu cuerpo!

Este contenido es solo informativo. En Dr.Body no realizamos nutrición clínica ni sustituimos el diagnóstico o tratamiento médico. Si sospechas que puedes tener SIBO, consulta con tu médico.

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